Anduve de tiempo en tiempo estornudando parte de mi esencia. Lijándome con esfuerzo, buscando durante largos años un paisaje y pequeños momentos que me hagan sentir en mi lugar. Pero me equivoque, hice todo casi sin conciencia pensando que mi lugar estaba en otro parte, pensando que tal vez yo no pertenecía a este mundo, que estaba hecha para otro tipo de cosas. Para la aventura, tal vez, para lo salvaje, lo natural, lo rotundamente fresco y vivo.
 Entendí después de ver mi alma y mi cabeza sangrar de los golpes contra la pared que me he dado (pensando, tal vez, que si atravesaba los edificios, el pavimento, las luces y hasta a la gente, ahí encontraría mi lugar) que mi lugar esta donde yo este. Que lo único que me guía a esos momentos en los que me siento acorde es mi instinto y no hay otra cosa de la que preocuparme. Gaste tanto tiempo pensando y atando a la pequeña bestia que vive en mi, que la conocí. Es parte de mi, somos una sola cosa que trata de sobrevivir. Me ayudó a entender que lijarme con esfuerzo para encajar en el molde del mundo que deseo no funciona. Que no soy un cuerpo que se dirige de un lado a otro y una cabeza ocupada y repleta de pelotudeses. Y aunque no sepa muy bien que más hay, se que estará aquí, allá en México, en la calle y hasta en el pavimento, los edificios y las luces.


(Lo encontré antes de partir... y hasta tenia fecha- 24 de enero del 2011)
Pilar

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