Van Gogh, el suicidado por la sociedad


Lo lúgubre del asunto reside en la suntuosidad con que están representados los cuervos. Ese color de almizcle, de lardo exuberante, de trufas que parecían provenir de un gran banquete. En las olas violáceas del cielo, dos o tres cabezas de ancianos de humo intentan una mueca de Apocalipsis, pero allí están los cuervos de Van Gogh incitándolos a una mayor decencia, quiero decir a una menor espiritualidad.
Y es justamente lo que quiso decir Van Gogh en esa tela con un cielo rebajado, como pintaba el instante mismo en el que él se liberaba de la existencia, pues, esa tela tiene, ademas, un extraño color casi pomposo de nacimiento, de boda, de partida.
Oigo los fuertes golpes de timbal que producen las alas de los cuervos por encima de una tierra cuyo torrente parece que Van Gogh no podrá contener.- Antonin

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